MEET THE RESISTANCE! Yes, this hostile administration might be terrorizing the very populations that it is supposed to be serving, beginning, as always, with the most vulnerable. Families separated, people that can’t risk visiting their dying love ones for fear of not being able to return to their homes, immigrants of color looking over their shoulders, queer friends scare of being in public; the people serving the very public institutions that are supposed to be there for us are scared… the country is paralyzed in fear and in exhaustion and in disbelief; and yet, SPACES FOR RESISTANCE ARE BEING CREATED, ALLIANCES ARE BEING MADE. I witness all of these at the Association of Writers and Writing Programs LA Conference this year. Writers, editors, publishers, illustrators, nonprofit arts organizations, journals, professors, students, foundations, distributors… each exhibitor (there were a thousand of us) and individual in attendance with their own story strategizing, mentoring, forming coalitions to resist. AWP was inspiring, exhausting, empowering, nurturing, joyful, loving, luminous, and daring.
Deshacer la maleta y sacar los maravillosos materials que me traje se hace en un momento. Ahora toca releer apuntes, notitas, action items y empezar a mandar emails, enviar libros, schedule zooms… y leer y escribir y resistir. I am so fucking grateful for the past few days in LA at #AWP25
Una velada de resistencia en Boyle Heights organizada y curada por las revistas Huizache y Rio Grande Review. Un lujo formar parte de esta lectura en el espacio Latinx with Plants. GRACIAS
LA has had my collective heart for the last six months now! Güau. Primero fue el Festival Literario LeaLA, luego el primer Festival Literario en Español LGBTQ+Ñ del Instituto Cervantes de Los Angeles, después la presentación del número 134 de la revista Sinister Wisdom en el marco del Queer Histories Festival, y ahora la lectura colectiva de las revistas literarias Huizache y Rio Grande Review en la que participaré leyendo mi trabajo todavía no sé si en español, en inglés o cómo salga, ya veremos; y acompañada de un roster de lujo ❤
Pero es que esta editora circunstancial también estará allí vendiento libros como directora de operaciones Aunt Lute Books en el booth T929 de jueves a sábado en la 2025 Association of Writers and Writing Programs Conference en el LA Convention Center. Olé.
Os espero, en el Convention Center o en Latinx with Plants. ¡Nos vemos!
“Las nuevas desapariciones en Estados Unidos ya no nos físicas sino virtuales (a no ser que te falten tus ‘documentos’)”.
Pensando en cómo RESISTIR los próximos cuatro años sin morir en el intento; en acompañar, arropar y querer a mi gente; en hacer del espacio que ocupo un lugar seguro para las demás (aquí, como siempre: mi femenino es inclusivo y súper trans y racializada); en escribir, crear, aportar, proponer, sabotear la “oligocracia” esta que han montado sobre nuestras espaldas y con nuestro data; que los “metas” del mundo se quitaron por fin la máscara y nos han enseñado el monstruo que llevan dentro, que siempre estuvo ahí, que nunca se fue.
¿Dónde acudir ahora al encuentro de las demás? Ya cerré fuckedbook, pero si cierro fuckagram, ¿nos alienamos más aún? ¿Dónde están ahora esos lugares de encuentro? Nuestras plazas, nuestros bares y nuestras sobremesas del diálogo y el cuestionamiento y la propuesta y la resistencia. ¿Desde dónde conspirar contra los cuatro tipos de siempre? Porque siempre han estado ahí, pero reconocerlos habría requerido de nosotras renunciar a nuestro preciado “el dorado” del siglo XXI: el que se levantó a base bits, sobre el que construimos nuestras vidas y desde donde nos pueden hacer desaparecer con un golpe de clic. Así de sencillo. Las nuevas desapariciones en Estados Unidos ya no nos físicas sino virtuales (a no ser que te falten tus “documentos”), pero nos desaparecen igual.
Hispanófila, la revista académica de la Universidad de North Carolina en Chapel Hill para todo lo cultural y literario relacionado con las lenguas romances, dedicó su número 200 al completo a El New Latino Boom. Doscientas cuarenta y cinco páginas editadas por Oswaldo Estrada y Naida Saavedra con artículos y reseñas académicas que ponen el foco sobre la escritura en español de Estados Unidos en este primer cuarto de siglo.
Y yo aquí, leyendo, anotando, desmenuzando lo que significa y representa escribir en español de Estados Unidos. No hay nada como las académicas para acceder a nuevas y propositivas lecturas e interpretaciones de tu propio trabajo y de lo que estamos haciendo desde aquí las locas que escribimos en español a pesar de… todo.
En “Habitar el espacio: historias y crónicas del dislocamiento en el New Latino Boom”, Mayra Fortes González aborda las cuestiones de migración e identidad, del abandono del espacio que se habita y de los procesos de negociación de las identidades en movimiento en las crónicas del New Latino Boom, en este caso, mi colección de ensayo Nombrar el cuerpo, y las colecciones de mis compañeras de movimiento Keila Vall de la Ville (El día en que Corre Lola Corre dejó sin aire a Murakami), Pedro Medina León (Tour, una vuelta por la cultura popular de Miami) y Melanie Márquez-Adams (Querencia, Crónicas de una latinoamericana en USA).
Para Fortes González escribir en español supone un acto de resistencia. Y cito aquí: “Los autores inmigrantes que escriben en español se enfrentan así al dilema de situar su escritura dentro y fuera de los circuitos dominantes de producción artística. Como observa Cristina Rivera Garza, resulta más fructífero abordar ese dilema desde las prácticas discursivas del español dentro del contexto estadounidense que desde las políticas de identidad resultado de la inmigración (87). En este sentido, dice Rivera Garza, los autores migrantes latinoamericanos y sus obras conforman una suerte de epistemología ch’ixi: ‘una suerte de conciencia al borde o conciencia fronteriza… [una] zona de contacto que nos permite vivir al mismo tiempo adentro y afuera de la máquina capitalista, utlizar y al mismo tiempo demoler la razón instrumental que ha nacido de sus entrañas’ (87; énfasis mío)”.
Fortes González reconoce que “la experiencia migratoria está estrechamente ligada al cuerpo” y se centra en la experiencia del cuerpo migrado en Nombrar el cuerpo “a partir de la lengua”.
“La experiencia migratoria está estrechamente ligada al cuerpo. Literalmente, la migración supone el movimiento del cuerpo y su reposicionamiento en un nuevo espacio geográfico y cultural. En este “cuerpo migrado”, como lo describe la española María Mínguez Arias, se inscriben los significados y las experiencias del desarraigo. […] La obra de Mínguez Arias es una exploración sobre cómo habitar el cuerpo que lleva en sí las marcas de la historia y la inmigración, y donde los síntomas del (dis)locamiento se manifiestan en la enfermedad. Si la lengua es la manifestación de la corporalidad, como propone Keila Vall de la Ville, el español en Nombrar el cuerpo es el vehículo para este ejercicio íntimo y de reflexión que busca dar voz al cuerpo y entenderlo como un territorio donde se inscriben una multiplicidad de experiencias que dan sentido a la identiad”.
Portadas de las dos ediciones de Nombrar el cuerpo, donde, entre otros, nombro el “cuerpo migrado”
“El cuerpo de María Mínguez Arias, aunque marcado por un pasado español, es parte de y se identifica con el lugar en el que está, moviéndola a habitar ese espacio desde una posición doblemente periférica, inmigrante y queer, que se materializa a partir de la conciencia política”.
¡Le quedo muy agradecida a Mayra Fortes González por su artículo “Habitar el espacio: historias y crónicas del dislocamiento en el New Latino Boom” y su acercamiento a nuestros textos desde ese (dis)locamiento que es la migración! Aquí lo pongo a vuestra diposición con un escaneo muy DIY.
Cuando el fotógrafo te hace sentir como en casa salen fotos así
En septiembre de este año, al bajar del escenario de LéaLA (el festival del libro y feria literaria de Los Ángeles), recién concluido el panel “TRANSformaciones literarias” en el participaba, me indicaron que me acercara a un rincón de los jardines de la Plaza de la cultura y las artes donde me esperaba el fotógrafo del festival para una sesión de fotos.
Todavía en estado de shock, empapadita de sudor angelino y sin saber si quiera las pintas que llevaba, acudí al estudio de fotografía improvisado debajo de un árbol (creo recordar) con unas telas negras, un foco altísimo y una sencilla silla plegable. Allí me esperaba Paco Herrera; todo un profesional que me hizo sentir como en casa a pesar de la incomodidad del momento y las ganas que tenía de salir corriendo.
El resultado es una colección de fotos que creo, capturan la persona que soy y en la que me voy convirtiendo. Véanse, por ejemplo, esas centelleantes canas.
Todo mi agradecimiento a LéaLA por el detalle y a Paco por su talento y profesionalidad. Gracias a ellos, esta autora ya tiene fotos promocionales para rato.